Salones de fiestas infantiles en crisis: “El Gobierno no se acordó de nosotros”

La pandemia suspendió por completo el uso de los salones para cumpleaños y celebraciones. Por la cuarentena, fueron los primeros en cerrar y calculan que serán los últimos en abrir. Familias que no tiene ningún ingreso y que ya no tienen dinero para subsistir.

Gabriela Morrone (47) tiene un salón de fiestas infantiles en Caballito. Siempre le fue muy bien con su trabajo y nunca se quejó… hasta que llego la pandemia. “La cuarentena me dejó sin trabajo. El 14 de marzo pasado cerré la puerta de mi salón y ya no las volví a abrir. Fuimos los primeros en cerrar y seremos los últimos en salir de esta crisis”, comienza angustiada su relato frente a Infobae.

De marzo a diciembre son los meses donde los salones trabajan con agenda completa: los cumpleaños infantiles durante el ciclo escolar ocupan casi todas las horas de la semana. Pasan enero y febrero, sin eventos. “Viviendo de nuestros ahorros”, explica Gabriela. En marzo en vez de arrancar el trabajo, este año se declaró la pandemia. Morrone cuenta que durante el verano ya gastó el dinero que había guardado en 2019 para pasar los meses en los que casi no hay trabajo. “Es muy difícil hoy pensar en cómo me voy a recuperar dentro de mi actividad. Le doy vueltas a mil y una posibilidades… pero nada puede ser concreto si no sé si voy a sobrevivir tantos meses sin trabajar”, expresa.

Morrone piensa a futuro: “A principio de abril pagué todo con mis ahorros. No tengo deudas hasta hoy, pero llega mayo y no sé qué voy a hacer para no endeudarme, aunque creo que no me queda otra. Ninguna medida del Gobierno Nacional ni del Gobierno de la Ciudad cubre a los Salones Fiestas Infantiles. No se acordaron aún de nosotros”.

Gabriela cuenta que no sólo sostiene económicamente su casa, sino que además le da trabajo a muchas familias. Tiene servicios tercerizados y proveedores que cobran cada día que ella abre el salón. “Apoyo el Aislamiento Social Obligatorio pero necesito mantener a mi familia de algún modo. Aún no sé cómo reinventarme”, concluye.

Desde hace 19 años Laura Almada (40) maneja su salón de fiestas en Flores. Lleva una vida dedicada a la animación y la conoce todo el barrio. Durante el verano de este año realizó reformas en su salón, “para tenerlo mas lindo cuando comenzara el ciclo escolar”, cuenta. “Nos endeudamos para arreglarlo. Y son deudas que teníamos que pagar en marzo, cuando tuvimos que cerrar por la pandemia. El otro día fuimos al salón con mi madre y fue muy triste, las dos comenzamos a llorar al ver lo lindo que había quedado… Todo el esfuerzo que le pusimos fue para nada… Verlo vacío, sin vida, nos llenó de angustia. Las obligaciones a pagar nos están tapando, lo único que acumulamos son deudas y más deudas. Lo más desesperante es que no podemos hacer nada”, explica.

De las ganancias del salón de Laura viven ella y su marido, pero también su madre y su hermano discapacitado. “No solo debemos luchar para que nuestra fuente de ingresos siga en pie sino que también para que esto no afecte el tratamiento que debe llevar a delante mi hermano, quien requiere atención psicológica y cantidad inmensa de medicamentos psiquiátricos», cuenta.

“Venimos golpeados desde el año pasado, ya que fue pésima la economía para el país y para nosotros. Diciembre de 2019 fue el último mes que trabajamos, porque durante el receso escolar del verano son muy pocos los chicos que festejan sus cumpleaños. Y cuando en marzo debería haber retomado fuerte la actividad, pasó todo esto. Se nos está haciendo muy difícil mantener la estructura. Muchos salones cerrarán dejando sin ingreso a una enorme cantidad de familias. Es muy triste el panorama, describe Laura con preocupación.

Ambos salones tienen gran cantidad de gastos fijos: alquiler, servicios, impuestos, seguros, sueldos, cargas sociales. La actividad cesó y se les complica cada vez más cumplir con sus obligaciones, El mes que viene, aseguran, ya no tienen dinero para pagar el alquiler.

«Si entramos en moratorias, reducciones parciales de los alquileres, diferimos pagos o damos de baja algunos gastos, es todo deuda que queda y deberá pagarse a futuro. Son muchas las familias que se sustentan gracias al esfuerzo nuestro de todos los días. No solo no queremos que nuestros empleados pierdan sus fuentes de trabajo, sino que también estamos preocupados por nuestros hogares. Nos sentimos muy solos, nadie pensó en nosotros”, concluye Laura.