Dos jueces supremos vacunados VIP y un ministro censor

Los jueces de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos AiresLos jueces de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires

Dos ministros de la suprema corte de justicia de la provincia de Buenos Aires son vacunados VIP. Hilda Kogan Luis Genoud fueron inoculados el 21 y 25 de enero respectivamente recibiendo la segunda dosis de la Sputnik V dos semanas más tarde. Se adelantaron en la fila. Se vacunaron bajo el falso rótulo de personal de salud. Les quitaron el turno a médicos o enfermeros que lidian contra el COVID-19. Por si no queda claro: dos jueces encargados de velar por la legalidad atropellaron la leyes jurídicas y éticas. Hoy siguen firmando en nombre de la justicia fallos para respetar la ley.

¿Alguien estima que esto es un escándalo de idénticas o peores proporciones que toda la familia Duhalde “colándose”, o Moyano, Valdes y Taiana y demás? No parece.

El caso de los jueces supremos se emparenta con el jefe de todos los abogados del estado nacional Carlos Zannini. No es personal estratégico, no tiene la edad, no es personal de salud ni nada. Pero, el hombre que suscribe los escritos del estado luego de poner “será justicia” se lleva por delante todo tipo de justicia. Vivimos tiempos en donde los custodios de la ley, jueces o procurados del tesoro, creen que son más que la ley y se la pasan por el trasero.

La muy amable oficina de prensa de la Corte bonaerense le explicó a este cronista que los doctores Kogan y Genoud decidieron no hablar sobre el tema. Desde sus domicilios particulares, porque desde que empezó la pandemia no pisaron nunca más el tribunal trabajando de manera remota (sic), informaron que no hablan. Mirá vos. No van al despacho público para prevenir el contagio pero se vacunan. No son personal esencial, pero se vacunan.

Los supremos no sólo no creen en la igualdad ante la ley (¿Qué pensará un octogenario bonaerense que espera aún la vacuna con su turno en la mano?) sino que derogaron también esa formalidad de la publicidad de los actos de gobierno y la responsabilidad sobre los mismos. Porque de esto se trata. Los vacunados VIP creen que esto de respetar el derecho de los que tienen que ser vacunados por ser estratégicos o mayores es una formalidad molesta que justo a ellos, santos jueces o benditos procuradores, no los rige. Que un funcionario público (un juez lo es, por las dudas que alguno arrastre un resabio de tradición mayestática) no cuente y explique lo que hizo es otro atropello más a las bases republicanas. Si es demodé que los jueces sólo hablan por sus sentencias, es chocante y antijurídico que no expliquen por qué pusieron su bracito supremo para la privilegiada vacuna.

Estos y otros casos representan un momento crucial para entender cómo se concibe el ejercicio del poder en la Argentina. ¿Hay normas inviolables para todos? ¿Tiene sanción social que no se respeten esas normas? Parece que hay un clima de irritación contra los que hacemos estas preguntas y que persistir con esta “manía” de respetar las normas es un impedimento para el hacer épico de los que detentan el poder. Las expresiones presidenciales calificando de payasada una investigación judicial, denostando a la corte con una encuesta en la mano o haciendo historia contra fáctica al imaginar a San Martin acosado por los periodistas es toda una marca de los tiempos.

Quizá por ello el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, el mismo que supo colorear de rojo a la Capital Federal en el inicio de la pandemia como foco de contagio culpable, se anima a disparar contra los periodistas. “Primero que la cuarentena no servía, después que la vacuna era veneno. Ahora la nueva es que no hay que vacunar a los pibes y pibas que sostienen la campaña de vacunación y los centros de telemedicina. Periodismo basura y oposición irresponsable, dos modelos que hacen daño”, twitteó sin ponerse colorado. Lo de los jóvenes militantes queda terminado como tema ante las mismas declaraciones de los militantes vacunados. Lo del “Periodismo basura”…

Ya se sabe que las adjetivaciones destempladas nacen cuando se terminan los argumentos sólidos. Pero hacerlo sin el menor recato a la vista, sorprende. Es probable que el presidente piense que Juan Bautista Alberdi tuvo la suerte de no contar con periodistas como los de este siglo XXI. Sin embargo, el padre constituyente creía que no habiendo libertades absolutas, la de expresión debía serlo siempre. Toda vez que se cercena o descalifica la libertad de expresión se socava el orden republicano, decía. La libertad de expresión que sirve para pedir explicaciones a dos jueces ilegítimamente vacunados y a un ministro que, habrá que ver de qué forma, propone hacer con los periodistas lo que hace con la basura.