Para un argentino no hay nadie mejor que otro…¿argentino?

El ADN criollo es un eterno insatisfecho político, social y emocional.

Vista de la Casa Rosada durante el aislamiento obligatorio dispuesto por el Poder Ejecutivo (REUTERS/Agustin Marcarian)
Vista de la Casa Rosada durante el aislamiento obligatorio dispuesto por el Poder Ejecutivo (REUTERS/Agustin Marcarian)

Amigo, compañero en las buenas y en las malas: ¿por qué será que el gen argentino hace que no haya relato (poron…) que nos venga bien?

¿Será que es ley primera ver el lado negativo de cada cuestión que los políticos nos quieren tratar de inculcar?

Yo le recuerdo, estimado lector -y le pido disculpas por seguir escribiendo en género masculino, es que soy de la vieja escuela- que no solo es culpa de alguno políticos. Hagámonos cargo de una buena vez. Es nuestro ADN, ellos y ellas son parte de nosotros, los votamos, no los votamos, pero ahí están por el sufragio, universal y obligatorio, vio.

A esta altura de los acontecimientos pienso que es más claro creer que la salud es lo importante. Ya lo estoy creyendo, no sé si usted.

Si fuera lo económico, ¿el valor del dólar estaría 50 pesos? ¿La deuda con el FMI ya estaría resuelta? No sabemos qué significa todo eso y si lo contrario hace bajar el precio de la yerba, el azúcar o los ravioles y el asado para el domingo. ¿Usted va comprendiendo lo que llamo ADN?

Intuyo su cara en este momento, y adivinaría la respuesta: no.

Si se levantara la prohibición de circular, solo el azar sabría decirnos qué sería de la salud de todos y todas.

Por eso, sencillamente ¡Cuídese mi amigo! Al menos trate de cuidar a los suyos y no salga con la bolsa de tela vacía a pasear por las calles. O deje de pedir a Boby prestado para dar vueltas en busca el Covid-19. O los que pueden, dejen de ir al country los fin de semana con una nota en un Word trucho. Esto es viveza criolla, es ADN.

¿Ve usted que no hay “cosa” que le venga bien?

Pues dejemos que las reglas de juego las ponga el gobernante de turno, si nunca vamos a estar conformes con nada.

Los pocos momentos de felicidad vienen de los logros personales, familiares, laborales, futbolísticos o de la victoria de la camiseta del deporte que más le guste.

Mire, con todo respeto, le propongo algo sencillo…

¿Y si pensamos una vez en el otro (y no en nuestro ombligo)?

¿Cuántas veces le hablamos -por no decir otra cosa- al televisor?

¿Cuántas veces insultamos al político, economista, periodista o animador de turno?

Y después en el shopping o en la estación de servicio le pedimos una selfie…

¡Terminémosla ya! Porque ser argentino es ser todo esto, ojo, pero sin olvidar que realmente en momentos límites, la solidaridad y la patria emergen siempre. Es un sello nuestro.

Dígame, con una mano en el corazón (recuerde de qué lado está). ¿Qué logramos viviendo enojados? ¿Qué logramos recordando la Tablita, a Menem, a Alfonsín, la Hiper o el 2001?

Absolutamente nada.

Solo el ADN del argentino es capaz aguantar y de estar blindado del especial amianto del que estamos forjados.

Enseñemos y expliquemos con ejemplos, no dejemos que nuestros hijos, nietos, “hijes”, “nietes” o lo que le guste, incorporen la critica por la crítica misma.

¿Y si pensamos en la salud? En la nuestra, eh.

Pero en la salud de la buena, esa que nos puede hacer pensar por un momento que hay un gran país, tan generoso.

Pues entonces vuelvo a empezar: para un argentino no habrá nadie mejor que otro argentino.

Salud y a cuidarse, que nos queda mucho por hacer.